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el ritmo que nos mueve

Descubrir de nuevo

He comprobado que al tomar café, por dos horas, escribo dos o tres post. Ahora no fue así. Tomé la misma cantidad de líquido que en esos días anteriores, y al llegar a casa, no pude escribir. Si fui al vips y pedí café y dijo sí al pregutarme si llenaban de nuevo la taza, fue solamente para sentir de nuevo la temblorina, llegar a casa con un montón de ideas, sentarme frente a la máquina y escribir dos o tres textos; pero hoy no llegué ni a uno. Y sólo pienso en la manera de encontrarme con "El aleph" de nuevo, o leer "Casa tomada" por primera vez y sorprenderme y descubrir que se puede hacer ese tipo de cosas.

A cualquier mujer pintora

A cualquier mujer pintora

*A ti.

Te pregunto:
¿Se empieza a olvidar
después de serlo,
de estarlo,
de vivirlo,
de sentirlo,
de sucederse?

Anda,
mejor bailemos
algo del nuevo disco
de Calamaro,
así... tranquilo.

Vilma

Vilma

Trabajo en una escuela que está a cuarenta y cinco minutos de la ciudad. La población consta de unas 20 casas chicas, un preescolar, una primaria, una secundaria, un cuarto de enfermería y dos tienditas. Y allá, en medio de cien alumnos que no hacen más que querer salir para mirar la carretera sola, está Vilma.
En una clase les pedí que escribieran una historia que hablara sobre la libertad. Muchos se opusieron, y no hubo modo de persuadirlos. Pero aquellos pocos, lo hicieron bien, sobre todo ella, quien escribió un texto de una hoja entera.
Ese mismo día les dejé un trabajo para el día siguiente, prometiéndoles que el que trajera más elementos de la cultura, se ganaba un libro. El martes, aquella niña se presentó puntualmente en clase. Les recordé mi promesa y pedí la tarea. Cuando llegué a su pupitre, descansaba su cuaderno con cuatro hojas repletas de elementos que conforman la cultura.
Al final de clase la llamé y nos quedamos conversando unos minutos en el aula. Le pregunté a quemarropa si le gustaba leer, después si escribía. Me dijo que poesía y cuento. Le regalé otro libro diciéndole que yo también escribía y que cualquier cosa que se le ofreciera, me buscara. A los diez minutos llegó a mi oficina. Quería saber qué opinaba de dos poemas suyos.
En el camino a casa, no pude pensar en otra cosa que no fuera la imagen de Vilma, con un cuaderno abierto en medio de los campos muy cerca del mar, escribiendo poesía.

Lo fácil que es criticar a Samperio

Lo fácil que es criticar a Samperio

Guillermo Samperio es un autor que siempre sorprende, y no me refiero a que todos sus textos son excepcionales, sino que algunos son malos. Es así que Samperio es uno de los mejores cuentistas mexicanos por esa razón: por arriesgarse hacer cuentos donde se experimenta diferentes maneras de abordar una historia; y se atreve demasiado, que algunos de sus relatos caen estrepitosamente.
Hace dos días compré una antología de sus cuentos, de lo cuales he leído cerca de quince. La mitad los he recomendado, mientras que la otra parte ya no los he vuelto a releer. Lo interesante de esta experiencia, es no saber qué encontrarás en el siguiente texto.
El libro guarda cuentos graciosos e irónicos, como “Oh! Aquella mujer!”, “La cochinilla”o “La señorita Green”, hasta textos donde se juega con el lector (los cuales han sido multiantalogados): “Ella habitaba un cuento”, “Tiempo libre” y “Aquí Georgina”. Así que no es de sorprenderse encontrar también diversos textos cortos (aunque no son tan pequeños como para llamarse minificciones): “La cola”, “Te amo” y “El hombre de negro”.
Es un autor accesible incluso en la red. Sus libros permanecen en cada librería, sus textos se hallan en diversas páginas y sus artículos en diferentes publicaciones. Es fácil encontrar, leer y criticar a Guillermo Samperio.null

El papel de las mujeres

El papel de las mujeres

Hasta ahora solamente dos cosas me han detenido a seguir escribiendo: los apuros y las mujeres. Los primeros están cada día, en cada escritorio, en cada recado de la contestadora, mientras que las mujeres llegan en menor proporción, y aún así, en mi caso son las que me han detenido por más tiempo.
No sé por qué sucede cada vez que me engancho con alguien. No hay excepciones. Y pasa que me olvido del cuaderno, del teclado, de la pluma y me sumerjo en unos ojos profundamente inciertos, por la sencilla razón de arriesgarme ante lo inexplicable.
Cuando pasa el tiempo y me doy cuenta que aquella mujer me volvió hacer una mala jugada, veo que los libros están cubiertos de polvo, así como la pluma, el teclado y el cuaderno. Los tomo de vuelta, me golpeo la cabeza sin creer que nuevamente he caído en los encantos de unos ojos. Me prometo en silencio no volverlo hacer, pero sé, también en silencio, que me será imposible.

Razones contrarias

Razones contrarias

Me siento pequeño ante tantas cosas delente de mí que no puedo resolver una buena manera de quedarme quieto, asegurarme en el sitio donde estoy y donde todo se mueve. Conozco a donde voy porque reconozco mis límites. Algo me paraliza. Mis sentidos palpitan a la vez que mis pensamientos. Soy un cúmulo de razones y de contradicciones. Guardo una revolución interna e incierta. La insertidumbre hace que siga dento de esto, por la sencilla razón de la curiosidad: quisiera saber de qué forma terminarán estas palabras, si seguiré con lo mismo el día de mañana, si en la noche llegará la respuesta que busco y que no existe. La duda que todo esto sea una ilusión que he creado para no aburrirme, o bien, saber que todo esto no es tan sólo esto, sino que existen cosas más allá (que pasan mis fronteras) y mas acá (tan cercanas que no las he podido ver).
La incertidumbre me mueve. Soy curioso por naturaleza. Desde pequeño me enseñaron a dudar y a no creeer al menos que se compruebe objetivamente. Vivo en una prolongada incertidumbre que roza constantemente con la incredulidad. Me fastidia dudar hasta de mí mismo y tener que comprobarme en cada instante. He sido de la manera en que soy ahora y como todos, desconozco si cambiaré, aunque sé que a cada instante lo hago.
Aquí estoy de vuelta: yo y mis contradicciones. Entre más reflexiono, descubro cosas contrarias de mí como persona. Me gusta y me asusta conocerme. Estoy en los dos bandos de mi interior. Absurdamente soy y no soy, aunque siempre he sido de esta manera.